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martes, 2 de septiembre de 2008

El retrato como una imagen muerta: Francis Bacon


En latín la palabra imago –inis hacía referencia a nuestro actual concepto de imagen pero también significaba la representación o busto de un antepasado fallecido. Una de las modalidades de esta representación consistía en hacer un molde del rostro del fallecido, éstas eran la conocidas como las maiorum images. Estas imágenes obtenidas del vaciado del rostro del cadáver eran coloreadas en un intento de simular los colores del vivo ya fallecido. Aún así la importancia de la mascarilla se encontraba en representar el momento del tránsito al más allá, es decir la muerte. Por tanto la imagen era la imagen de la muerte o una imagen muerta.

El retrato como género artístico toma su etimología del latín retraho que entre otros tiene por significado “sacar de nuevo a la luz, hacer revivir” (Diccionario ilustrado de latín Vox). El género del retrato se hace en una pretensión de lucha contra el olvido, es una apuesta por la memoria y representa una identidad, con su viveza. El retrato tiene un componente social, se hace en un intento de vincular al individuo con la eternidad, pero una eternidad terrena y social: su recuerdo. El retrato no representa un tránsito sino la permanencia en esta vida. El retrato como género, frente a las maiorum images, pretende representar la vida, no la muerte. La muerte puede suponer una relación con la eternidad, y así lo creían los romanos al realizar las maiorum images, pero la eternidad no es terrenal, sino ultraterrenal. La vida terrena siempre se ha caracterizado desde la teología por su componente temporal e incluso así se le ha denominado al mundo del acá. Esto supone que el retrato pretende luchar contra el componente temporal mientras que las maiorum images conscientes de la temporalidad piensan en la intemporalidad en el más allá.

Pero el retrato como género tiene todo un devenir histórico. Aquí quería destacar la modificación que sufre el género cuando pasa por el pincel de Francis Bacon. Si como he dicho podemos entender el retrato como una pretensión de mostrar una identidad y anclarla en el mundo temporal para que sobreviva al tiempo con Francis Bacon se pierde la pretensión de mostrar una identidad para mostrar un proceso de pérdida de identidad. Así lo entiendo yo. Por tanto qué pretende Bacon anclar en el mundo temporal. En mi opinión pretende anclar lo pérdida de la identidad, su desfiguración. Si tomamos sus Estudios para el retrato del papa Inocencio X, esto se puede entender. En el original retrato del papa Inocencio X realizado por Diego Velázquez en 1649 la identidad del papa aparece de forma esplendorosa, incluso su pose es propia de su identidad de papa a la manera de los lienzos papales o cardenalicios de otros pintores como Rafael, Tiziano o El Greco. Pero si observamos la obra de Francis Bacon la identidad se altera, a tal efecto recurre a difuminar lo contornos del rostro, la pose firme e incisiva del original queda irreconocible tras la alteración y fusión de los colores y contornos del rostro. La identidad del cuadro, del retrato se pierde, y por tanto lo que tenemos es una muestra de pérdida de la identidad. Pero Bacon añade un componente más, añade consciencia a su alteración de la obra de Velazquez. Si visionamos la segunda versión que añado de la obra de Bacon el gesto del papa no sólo se distorsiona sino que se altera añadiéndole un gesto de dolor. La obra de Bacon no se muestra sólo como reflejo de la pérdida de la identidad sino que es testigo del proceso doloroso de tal pérdida. Si como dije consideramos el retrato como una forma de recordar la identidad de un individuo que ya falleció con Bacon el retrato se convierte en una imagen muerta, nos representa el proceso de la muerte de la identidad. Por tanto en el retrato de Bacon hay elementos de las maiorum images, representa también la muerte, aunque no como proceso de tránsito hacia el más allá. Los retratos en Bacon son una imagen muerta.

sábado, 23 de agosto de 2008

Con Santiago Matamoros en la Catedral del Córdoba (Mezquita)


A pesar de que mis amigos Gustavo y su novia María Jesús querían visitar la famosa Mezquita de Córdoba terminamos en la Catedral de Córdoba. O al menos así lo afirmaba el panfleto que a la entrada de susodicho católico monumento nos entregaron, editado, por cierto, por la banca fundada por el cura Castillejo. El panfleto es realmente una vergüenza, una intentona de negación del pasado musulmán. Desde el principio el propósito es claro, así queda presentado el monumento: “La Catedral de Córdoba no es simplemente un monumento o un templo intercultural; y tampoco un Mezquita, sino la iglesia madre de la Diócesis”. Ya sabemos lo que no es el monumento, vayamos a equivocarnos, el monumento no es intercultural, tampoco una Mezquita, es la Iglesia madre, un templo católico. Y tampoco vayamos a pensar que el valor del monumento reside en su arquitectura, musulmán, como se dice en el panfleto “el valor y la belleza de la Catedral de Córdoba no reside en la grandiosidad de su arquitectura, sino en la sucesión apostólica del Obispo, al presentarse a los fieles como símbolo de su servicio pastoral..” Para el visitante el asunto queda claro, lo que nos inspira no es la belleza que allí dejaron los musulmanes sino que es la belleza divina la que desciende para ocupar su espacio y predicar.

Esta presentación del monumento es propia de un conjunto de personas resentidas. A las cuales les duele el pasado y parecen querer luchar contra él, intentando que abracemos el monumento desde sus parámetros dogmáticos. El visitante que simplemente no profesa su creencia católica queda desubicado ante tal monumento cuando lee tal presentación.

Aún así yo como cordobés que soy me siento cómodo en la Catedral porque la veo como Mezquita, pero sé hacía dónde van las ofensas. Con tales presentaciones pretenden no quitarle el valor artístico al monumento que supongo que cuando quisieron poner en él su catedral lo apreciarían. Lo que ellos pretenden es dejar claro a todo el mundo musulmán de quien es aquello, y quienes pueden rezar allí. Aún así hasta el momento la presentación del monumento no insulta, aunque sí olvide malintencionadamente. El insulto se hace expreso una vez dentro, cuando en él te encuentras una estatua de Santiago Matamoros. La inclusión de tan insigne apóstol convertido en símbolo de combate contra el Islam es un ejemplo de intolerancia clerical. Algo que ya han demostrado al no permitir el culto islámico en la Mezquita de Córdoba, que también existe aunque ellos la llamen Catedral.

Córdoba debería ser un ejemplo de convivencia y tolerancia entre religiones y culturas. Así debería serlo también la Mezquita-Catedral. Qué habría más hermoso que ver a las dos religiones mayoritarias, catolicismo e islam, compartiendo templo. Sería todo un referente de convivencia. Al parecer la Iglesia Católica se niega alegando que un templo conjunto crearía confusión entre sus creyentes. Explicación que no entiendo, qué mayor confusión puede causar entrar en un templo católico que en apariencia es una mezquita. Y por qué alegan tal confusión cuando a su vez intenta totalizar el monumento bajo la impronta católica. Y por qué sitúan como si de un espadachín y defensor se tratara a Santiago Matamoros en el corazón de la Mezquita. En mi opinión se encuentran resentidos, les duelen los siglos musulmanes en España. Que Santiago Matamoros sea un referente en la identidad nacional española encuentra su sentido en el hecho de que se forja frente al enemigo musulmán. Santiago Matamoros es tan católico en la Mezquita como español, y vela por la España católica así como expulsa a los no católicos y los no españoles.

En definitiva un Santiago Matamoros en una Catedral que se yergue victoriosa y exclusiva sobre un monumento musulmán es un claro ejemplo de intolerancia religiosa. Algo a evitar en tiempos en los que España no es sólo de españoles y tampoco sólo de católicos.

Imagen: El Santiago Matamoros es una talla del pueblo Carrión de los Condes. Castilla y León. La Segunda es la Mezquita-Catedral de Córdoba.

viernes, 8 de agosto de 2008

Yo también en Glencoe, como Horatio McCulloch.


Hoy por la tarde estuve en el Kelvingrove Art Gallery and Museum. Un gran museo, a veces caótico, pero que abarca gran cantidad de periodos artísticos así como también, arqueología, paleontología y ciencias naturales. Esta visita me dará para varios post. Aquí quisiera relatar la experiencia que me ha causado ver el cuadro de Horatio McCulloch Glencoe (1864). Glencoe es una región de Escocia situada en las Highlands. Las Highlands fueron todo un referente para la identidad escocesa durante el romanticismo. En ellas encontraban el espíritu rural y exótico con el que confrontar la modernidad. Abundan los “landscape painter” que encontraron en estas tierras verdes, húmedas y silenciosas el sosiego a su alma atormentada.

Este cuadro es un buen reflejo de la esencia, natural y tranquila, que se puede respirar en las Highlands. El manso posar de los ciervos transmite serenidad. El horizonte, quebrado por montañas, nos da un punto de fuga en el que dejar caer la vista. El cuadro es una invitación al sosiego.

Además de esto me gustó especialmente este cuadro porque yo estuve el fin de semana pasado en esos mismos parajes, como demuestra la foto. Me sentí romántico también y subsumí la identidad verde y sosegada de las Highlands y Escocia. Cuadros y viajes como éste te reconcilian con el mundo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Christine Borland: conceptualización artística médica




La semana pasada estuve en el Gallery of Modern Art (GoMA) de Glasgow. En su conjunto me pareció un museo bastante insulso, no llegué a entender la gran mayoría de las obras en él expuesto. Tan sólo me pareció interesante la artista que aquí me dispongo a comentar: Chistine Borland. De ésta, oriunda de Glasgow, aprecié los vínculos que quiere establecer entre el arte y la ciencia médica. Vínculo que establece desde una postura ética, mostrándonos las repercusiones de los fenómenos médicos. Esto supone adentrarse en la forma de entender el cuerpo humano como manifestación social o representación humana. La obra que me sorprendió se titula After a true Story- Giant an Fairy Tales (1997) . En ésta, como se puede ver en la imagen, se muestra la silueta, hecha en polvo, del esqueleto de un gigante. Sobre esta silueta se proyecta una luz que dibuja la sombra del esqueleto sobre la pared. El planteamiento de la obra se hace más interesante por el hecho de que junto a la silueta del gigante se presenta la página de un libro de anatomía en la cual se cuenta la historia del gigante al cual corresponde el esqueleto dilucidado. La presentación de la historia se hace sin la intención puramente médica, lo cual nos extraña, se hace resaltando lo extrambótico del caso médico así como el hecho de que el gigante, apodado “The Irish Giant”, fuera un espectáculo de una feria ambulante.

La incluisión de esta historia en la obra de arte nos da a entender dos cosas. En primer lugar, la artista es conceptual: lo que en su obra destaca es la idea y la historia más allá de la propia ejecución de la obra. La obra es tenue: una silueta en polvo y en sombra; sin embargo está cargada de significado. Siendo éste el segundo elemento a entender, en mi opinión. La obra se establece como una reflexión que vincula la causistica médica con el espectáculo. Lo grotesco del tamaño del individuo, Charles Byrne, a causa de una enfermedad, gigantismo, se convierte en una representación lúdica para el espectador. La obra de Borland hace lo mismo pero mostrándonos el anverso de la historia. La sombra que proyecta la silueta de polvo es la misma que en su día proyectaría la figura del gigante siendo también un espectáculo pero, esta vez, comentado por la propia historia personal del individuo, algo que en su día no encontrarían los espectadores. La historia del individuo está cargada de dramatismo, se destaca su alcoholismo, lo cual nos muestra el lado personal, más allá de la mera figura de 2 metros con 49 centímetros.

Subo dos obras más de la artista, éstas no se encuentran en el GoMA sino, para mí, en paradero desconocido. Una de ellas se titula Black, White and Shades of Grey (2007). En ésta, un fotografía, aparece un árbol blanco entre árboles negros. Esta fotografía nos muestra un árbol, el blanco, menor al resto y que a causa de su juventud aun no ha sido afectado por un hongo que torna la corteza en negro. Este hongo aparece en Escocia y en aquellos parajes que rodean las destilerías de Whysky, su origen se encuentra en el procedimiento de fermentación del grano. Esto se puede entender como un paralelismo entre la conservación en alcohol, como técnica de alteración del proceso de descomposición, y los gases, del alcohol, que alteran el proceso de conservación de la corteza del arbol.

La tercera obra que muestro se titula The velocity of Dreps (2004). Ésta es también una fotografía. En ella contrasta el color rojo de una sandía reventada con el verdoso marrón del suelo. El contraste es fuerte dándole tensión a la fotografía. Es esta la intención de la autora la cual se aprecia aún más si atendemos a su explicación. La sandía se utilizan en medicina forense porque openen la misma resistencia a la caída que el craneo humano. Por tanto de simples sandía pasamos a la escena tal vez de un asesinato, de un suicidio o un accidente. La obra se tensa aún más desde su significado.

En definitiva la obra de esta autora aunque dificilmente sondable, aveces, es interesante por su originalidad y por los vínculos que establece.

Decir, la primera de ésta fotografía se la he de agradecer a Noa, compañera acá en Glasgow y que con paciencia me está supliendo como fotógrafo.